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lunes, 21 de octubre de 2013

Entrevista con Sofìa Coppola en Cannes

La directora de "Perdidos en Tokio" aborda en "Adoro la fama", que se estrena el jueves, el caso real de jóvenes que robaron las mansiones de Paris Hilton y Lindsay Lohan, entre otras. Y habló con Clarín de la cultura de las celebridades. 
En el Festival de Cannes las entrevistas con la prensa son maratónicas para las estrellas. Sofia Coppola acababa de presentar fuera de competencia y en la sección Una cierta mirada Adoro la fama, que se estrena aquí el jueves. Estaba, cómo decirlo, semidestruida. La película trata sobre un hecho real: la serie de robos que tres chicas adolescentes y un chico realizaron, entrando a mansiones de famosos como Paris Hilton, en Los Angeles.
El cuerpo tirado sobre una silla de un salón del Hotel, achinaba los ojos para pizpear su Blackberry. “Estoy un poco cansada ahora, así que no sé bien qué voy a decir”, se ataja.

¿Es difícil relacionarse con estos chicos y sus vidas, con lo que viven y lo que quieren, viniendo de otra generación?
¿Siendo mucho más vieja? -ríe-. Son tan distintos a lo que era yo cuando estaba creciendo, así que sin dudas, intenté involucrarme con el efecto que los realities de televisión y las redes sociales tienen en estos adolescentes y sus vidas.
¿Lo viste como algo sintomático de la cultura, donde la línea entre lo privado y la virtualidad es muy delgada, en cuanto a las redes sociales, que parece les da cierto derecho de entrar a la vida de los demás?
Sin dudas, creo que hoy no existen los mismos límites, porque toda la información se comparte.
¿Usás Facebook y Twitter?
No.
¿Qué aspecto fue el que te interesó de contar esta historia?
La historia es ciertamente fascinante, porque sólo estos chicos podrían estar lo suficientemente locos como para hacer algo así. Era emocionante, pero por otro lado lo sentía tan desconectado de mí. Me refiero a las cosas que hacían, lo que les gustaba, todo lo que tiene que ver con su cultura contemporánea, lo que ellos son y lo que les importa. Es muy distinto de lo que yo hacía cuando era chica.
¿Cómo hiciste para no emitir ningún juicio de esta gente? ¿Cómo lo manejaste?
Trato de no juzgar a nadie y ponerme en el lugar del otro. Por ejemplo, el chico fue con el que más me conecté, porque era el más compasivo. E intenté mostrarlo y dejar que el público lo experimente y, cuando finalmente reflexione, que pueda ver cómo se siente al respecto.
¿Conociste a los verdaderos personajes?
A dos de ellos. Con el chico me reuní un par de veces, antes de que fuera a la cárcel. Escuché su perspectiva y los detalles.
¿Seguís en contacto con él?
No hablamos más. Creo que ya salió de la cárcel.
¿Cómo te cayeron en comparación con cómo llegó la historia a los medios? ¿Qué fueron las cosas que te sorprendieron de ellos como personas?
Quizá las citas que hace él son bastante locas, pero te genera muchísima compasión ver lo que hizo este chico, cómo terminó en la cárcel por eso, y cómo ha afectado su vida, porque realmente está arrepentido.
Las jóvenes están obsesionadas con la moda. ¿Cuál es tu propio concepto sobre la moda y el estilo?
Su idea de lo que les parece atractivo es muy distinta de la mía.
¿Qué es la elegancia para vos?
Admiro la sutileza y el refinamiento, y creo que ellos están más fascinados por lo llamativo. Les gusta lo que llama la atención.
“Adoro la fama” podría haber sido una comedia o una tragedia. ¿Cómo elegiste el formato, o el tono?
Simplemente intenté tomar de la historia las cosas con las que me relacionaba. Muchas cosas eran divertidas y otras eran tristes; es como una combinación, pero creo que tiene mucho humor y cierto lado oscuro, pero no quería hacerlo de una sola manera.
Pero no se trata sólo de robar cosas, se trata de reflejar un estilo de vida. Vos estuviste del otro lado. ¿Qué opinás sobre ese estilo de vida?
Creo que son jóvenes y están intentando encontrar su identidad. Definitivamente, esas cosas representan un determinado estilo de vida, y que me contrataran para hacer comerciales de perfumes, me da culpa.
¿Qué hay sobre la música?

Me gusta toda la música de la banda sonora del filme. No me gusta el hip hop, así que quizás eso es lo único en lo que no coincido. Me gusta mucho la canción de Sleigh Bells, tuve esa canción en mente para los créditos de apertura. Y fue divertido usar las canciones de Kanye West.
Quizá parece una canción más pop. ¿Es algo intencional?
Sí. También esta historia está dentro de la cultura pop, así que quería hacer algo acorde. Fue otro desafío hacerla pop, una película popcorn , al mismo tiempo.
Hablando sobre estilo, tu manera de rodar siempre fue distintiva. También te graduaste en Arte en la Universidad. ¿Qué importancia tiene cuando pensás en el concepto visual?
Sí, en realidad, esto tuvo mucho más que ver con la cultura pop. Siempre me ocupo de la fotografía, y en ella trato de encontrar referencias para establecer la construcción visual, cómo crear el impacto visual y establecer la atmósfera correcta.
Mencionaste que los jóvenes no logran encontrar su identidad. Cuando hiciste “Las vírgenes suicidas”, ¿sentías que ya habías encontrado tu identidad como directora?
Sí, en realidad no estoy segura de cuándo se define eso, pero sé que tenía mi propio punto de vista, mi forma de hacer las cosas.
Esa superficialidad a la que te referís está reflejada en Los Angeles.
Traté de pensar en un lugar donde esto se viera continuamente. Quería explorar esa cultura de la celebridad, donde todos quieren ser famosos.
¿Alguna vez esta superficialidad y la cultura de las celebridades desaparecerán? ¿Creés que esta tendencia puede revertirse?
No lo sé. Aquí la estamos presentando, estamos hablando de eso y me inquieta saber si habrá algún tipo de reacción.
En la película parece haber muchas diferencias entre estos chicos que entran a robar y a quienes roban. Parece que esa celebridad y esa fama yacen en cosas efímeras, no en esenciales.
Creo que había una gran conexión entre las personas que tenían como objetivo para los robos y ellos. No todos, pero a muchos les encantaban las estrellas de los realities, y estos chicos no eran muy distintos.
Así que sería imposible cambiarlos.
No quiero decir que no hay posibilidad de cambiarlos, pero el hecho de que una de las chicas terminara en la cárcel, al igual que Lindsay Lohan... Ambas robaban y terminaron en la cárcel, así que hay una certera conexión.
¿Cómo promocionás esta película? Los más jóvenes van a querer verla. Quizá no es para ellos, pero es sobre ellos.
Espero que el público esté conformado por jóvenes y por adultos. Creo que es atractivo para los jóvenes, porque forman parte de ese mundo. Y también para los de mi edad, para saber qué está pasando.
¿Hay algo de malo en disfrutar tu película, por lo que presenta, por todos los robos y el contexto?
Creo que sería uno de esos pequeños placeres que nos dan culpa. Al final de la película, hay un tono muy distinto y no termina con esa sensación. No estoy tratando de glorificar el robo.
Bueno, pero mientras más roban, mayor es su sentido de impunidad.
Sí, el chico me dijo que como no los habían arrestado, se sentían invencibles y por eso siguieron adelante.
¿Te interesa seguir explorando el mundo de los jóvenes?
No lo sé. En este momento no tengo ningún plan. No estoy segura. Les he dedicado gran parte de mi vida y es algo que me ha hecho muy feliz.
En tu familia hay muchísimos personajes creativos y talentosos. ¿Cómo fue crecer en ese ámbito?

En mi familia hay muchísimas personalidades; son personajes espectaculares, pero siempre fue muy divertido. Siempre pudimos hacer lo que quisimos.

jueves, 17 de octubre de 2013

Entrevista con Tom Hanks antes del estreno de "Capitán Phillips"

En “Capitán Phillips” encarna a quien sufrió un ataque de piratas somalíes a bordo de su barco, en 2009. Le contó a Clarín impresiones y anécdotas de su rodaje en alta mar.
Para el actor estadounidense Tom Hanks, interpretar capitanes en problemas no es algo nuevo. Sólo que si en 1995, en Apolo 13, el conflicto que protagonizaba su comandante Jim Lovell transcurría en el espacio, en Capitán Phillips, que se estrena hoy, el dos veces ganador del Oscar se mete en la piel del mandamás de un barco mercante atacado por piratas en alta mar.
El filme, basado las experiencias que el verdadero Richard Phillips volcó en el libro A Captain’s Duty: Somali Pirates, Navy SEALS, and Dangerous Days at the Sea, escrito por Billy Ray, narra el abordaje -en abril de 2009- del buque de bandera estadounidense MV Maersk Alabama por cuatro piratas somalíes.
“Me fascina el cine de entretenimiento que cuenta casos reales. Soy el tipo de persona que lee diarios y revistas, y que cuando encuentra historias atractivas, piensa: ‘Esto es mejor que lo que cualquier película de ficción podría dar’.” Desde algún lugar de Nueva York, a través de una enorme pantalla, Hanks argumenta a favor de su decisión de ser parte del filme de Paul Greengrass, mientras en un salón de un lujoso hotel mexicano un nutrido grupo de periodistas de distintos lugares del mundo toma nota y espera su turno para preguntar.
“Más de una vez hemos visto ficciones sobre lo que puede ocurrir cuando unos tipos tratan de tomar un barco, un avión, la Casa Blanca o lo que sea. Pero al tratarse de algo que realmente sucedió, este caso presenta uno de los desafíos más grandes que un cineasta puede enfrentar: ¿cómo hacer que eso que ocurrió se convierta en algo tan atractivo que justifique un espacio en la industria del entretenimiento?”, explica el actor, que transita sus 57 años.

No es la primera vez que lo hace.
No. Ya lo hice en Apolo 13 y también en Rescatando al soldado Ryan. Y me resulta muy atractivo ese tipo de propuesta, porque son filmes en los que uno tiene que ir resolviendo una especie de rompecabezas para conseguir que la gente vaya al cine a verlos. Pero la historia de Capitán Phillips es muy atractiva en sí misma; lo que hizo que el desafío fuera muy grande. Además, trabajar con Greengrass no era una cuestión menor. En el mismo momento que vi Domingo sangriento lo marqué como uno de los directores con los que desearía filmar. Así que había varias razones por las cuales aceptar ser parte del proyecto.

¿Cuáles fueron los rasgos que más le llamaron la atención de su personaje?
Richard Phillips tiene una habilidad muy particular, relacionada con un mundo que en general no conocemos. Creo que todos asumimos que transportar mercadería de un lugar a otro, a través de los mares, es algo simple. Pero los malabares que debe hacer para llevar a cabo su trabajo, combinando factores mecánicos, tecnológicos y humanos -él debe mantener una cierta disciplina en su tripulación, que es un complejo de personalidades muy heterogéneas- impresiona.


¿En qué medida le ayudó hablar con Phillips para interpretarlo?
Cuando nos encontramos, una de las cosas que le pregunté fue qué era lo que más tiempo lo ocupaba, durante sus viajes; y me contestó que era el papelerío burocrático. Sólo que, cuando de pronto un grupo de piratas armados aborda el buque, todo queda reducido a la cuestión básica de cómo sobrevivir y de cómo regresar a salvo a casa. Y eso requiere una enorme habilidad para tomar decisiones inmediatas. Algo que Phillips, que es un hombre común, un marino que hoy sigue saliendo a alta mar por lapsos de seis semanas, hizo casi en soledad, usando cuanta herramienta de disuasión tenía a mano para ganar tiempo y desgastar a los atacantes. Esa parte de Phillips fue la que más me fascinó. En el fondo, no es diferente a lo que uno mismo haría en situación de crisis. Sólo que las crisis que yo suelo enfrentar no tienen a un somalí apuntándome con una AK-47.

¿Hizo alguna observación sobre el guión del filme?
En verdad, en una de las ocasiones en la que nos encontramos, yo le dije que estábamos por hacer una versión alterada de su historia; que, en algún punto, yo iba a decir y hacer cosas que él no dijo ni hizo. Y él lo entendió. Lo cierto es que hay personas que estuvieron en ese barco y que sostienen que las cosas no fueron del todo como las cuenta Phillips. Quiere decir que, en parte, los hechos dependen de la perspectiva desde la que son vistos.

¿Cómo fue la experiencia de rodar en alta mar?
La rutina consistía en zarpar cada mañana, para regresar al final del día, en un barco que a priori creía que iba a ser bastante estable. Pero no fue así. Sin embargo, no tuve problemas de mareos ni creo que alguien del equipo los haya tenido, hasta que comenzamos a filmar en el bote salvavidas. Porque, si bien hicimos algunas tomas en un simulador, en Londres, el movimiento en el agua es completamente distinto y, tarde o temprano, todos vomitamos. Pero, justamente esa disposición de Paul Greengrass y de su equipo para trabajar en un escenario real, sin preocuparse por los inconvenientes que podía generar el oleaje o las condiciones climáticas, fue una de las cosas más interesantes.

Según cuenta Greengrass, su primer encuentro con los actores somalíes fue en la primera toma que hicieron del abordaje. ¿Cómo recuerda ese momento?


Fue extraordinario. Nosotros estábamos en el deck, con Michael Chernus y otros actores que participaban de la escena; y empezamos a escuchar cómo se acercaban ellos, disparando sus armas. Cuando, finalmente irrumpieron en la cabina, y los vimos, increíblemente delgados, con el aspecto escalofriante que da el tamaño enorme de sus cabezas, con sus dentaduras en mal estado, cargando sus armas y gritándonos, se nos pusieron los pelos de punta. Fue un instante muy visceral. Quedamos petrificados. Pero enseguida se creó un clima de gran compañerismo. Fue una movida muy sabia de Paul, que ayudó a que trabajáramos con fluidez. A la tercera toma, ya estábamos inmersos en el clima de rodaje. A punto tal que, a veces, alguno de ellos se acercaba y decía: ‘Ey, no puedo creer que esté filmando con el tipo que hizo Forrest Gump ’.

Fuente: Clarín

miércoles, 16 de octubre de 2013

Entrevista a Vin Diesel antes del estreno de "Riddick"

La estrella de Hollywood estrena mañana “Riddick”, continuando una saga, igual de exitosa que la de “Rápido y furioso”. El actor tiene 45 millones de fans en Facebook. Y les escribe.
Una tarde cualquiera en Nueva York, finales de los noventa. Marc Sinclair Vincent (o Vin Diesel, como lo conocían los otros patovicas en los clubes nocturnos donde trabajaba de portero) le decía a sus amigos: “Voy a ir a Los Angeles y la voy a romper, voy a ser el artista más grande del mundo”.
Promoviendo su nueva película Riddick, la tercera de esa saga (que estrena mañana en la Argentina), Vin Diesel recuerda aquella anécdota y se ríe, porque un año y medio después de aquel primer intento de triunfar enLa Meca , se tuvo que volver a la casa de sus padres en Greenwich Village con la cabeza baja, a enfrentar a sus amigos del barrio.
Con 23 años, Penny Marshall le había dado un papel en una película de Robin Williams y Robert De Niro, Despertares. Una sola línea, pero pensó que le iba a bastar para abrirse puertas. Después de todo, venía trabajando en teatro desde los 7 años, alentado por su padrastro, Irving, un coach actoral del Off Broadway.
“Qué feo fue volver al club de Nueva York y que mis compañeros (los otros patovicas) me cargaran. ‘¿Cómo Vin, no era que te ibas a comer crudo al mundo?’, me decían”. Eso lo motivó, asegura ahora, empezó a estudiar en la universidad para ser guionista y hasta hizo una clase de periodismo que recuerda con precisión. “Somos colegas”, bromea primero. Luego detalla cómo la profesora les pidió que escribieran su obituario. Y él, a las 3 de la mañana, se despachó con una historia de cómo Hollywood estaba perdiendo a uno de los suyos, el hombre que había llegado para cambiarle la cara al cine. “Al otro día la profesora me hizo leer mi trabajo, la cara de mis compañeros era impagable, no podían creer lo que estaban escuchando, pensaban que yo era un megalómano”. Tal convicción lo decidió a hacer su primer corto, Multifacial (1995), uno que le costó 3.000 dólares y lo llevó a Cannes. Steven Spielberg lo vio y lo llamó para darle un papel en Rescatando al Soldado Ryan. El resto ya es historia.
Tres días antes de la entrevista con Clarín, el actor que tiene 45 millones de fans en Facebook a quienes les dedica atención personalizada (ver Con 45...) había recibido su estrella en el Paseo de la fama de Hollywood, frente al Hotel Roosevelt. Lo acompañaron su madre y su padrastro, su esposa y sus dos pequeños hijos. La actriz Michelle Rodriguez, su compinche en la saga de Rápido y furioso, que estrena la séptima el año próximo, le hizo los honores: “Si él tiene un sueño les aseguro que va a ser lo imposible por cumplirlo”, dijo la actriz.
“Michelle no miente, cuando me focalizo en algo no paro hasta concretarlo”. Sonríe todo el tiempo Vin Diesel. Tiene un cuerpo templado, de musculatura muy trabajada, la pelada reluciente y esa voz gruesa, inconfundible, pero transmite calidez.

¿Qué significa tener una estrella en el Camino de la Fama para alguien que dice haber sabido siempre que iba a triunfar?
Es la muestra más cabal de que los sueños se pueden cumplir y eso quiero que lo sepan todos, en cualquiera parte del mundo. Yo siempre lo supe. Recuerdo cuando hice mi primer corto, Multifacial, de 20 minutos, la primera proyección fue en un club de cine de Manhattan, en la pared, con un proyector barato de 16 milímetros. Pero cuando me vi en la pantalla supe que no había estado equivocado. Era el 13 de enero de 1995 y volví a casa caminando hasta el subte a 10 centímetros del suelo.

Tuviste que poner tu dinero para poder filmar “Riddick”. ¿Por qué lo hiciste?
Por los fans, yo sé que ellos están esperando un nuevo capítulo en esta saga. Los videojuegos (se viene uno nuevo junto a la película) ayudan a expandir la mitología. Pero hacía falta más. Y si no ponía plata yo, unos cinco millones, el estudio se quedaba con la opción y ellos no estaban interesados en hacerla. Me sentí como cuando conseguí los 3.000 para Multifacial. O cuando trabajé un año y medio en telemarketing para financiar Strays (1997), uno de las 18 filmes que Robert Redford seleccionó entre miles para presentar en Sundance. Mi padre siempre me aconsejó terminar aquello que empezamos. Y eso es lo que quise hacer con Riddick.

Esta vez el duro personaje traba amistad con un perro exterrestre. ¿Fue para humanizar a Riddick?
Ese es el director (David Twohy), que piensa que pone a una criatura para demostrar que Riddick puede tener amigos (suelta una carcajada). Es probablemente la parte más humana de Riddick que nunca hayamos visto. En mi vida personal, mi perro, un gigante corso del que mis fans saben todo, murió este año. Es interesante que estoy diciéndole adiós a mi amigo de cuatro patas y entablo una relación con otro virtual en la película.

¿Planeás hacer algún tipo de película que no sea de acción o continuación de algunas de tus sagas?
El año pasado estuve a punto de trabajar con Woody Allen, pero justo el estudio me pidió hacer otra de Rápido y furioso y no pude. Es que Rápido y furioso es un monstruo y cuando el estudio dice que es tiempo de hacer una nueva, hay que hacerlo. Podría haber sido interesante trabajar con Woody Allen. Algún día quizás haga Shakespeare, por qué no.

¿Cuál es la fórmula detrás del éxito de “Rápido y furioso”?
Ya ves, es una película de la que no pensás que va a haber siete y que cada vez sea más grande y mejor. Lo que hay que hacer con una saga es desafiar la expectativa, ponerle mucha calidad, expandir la mitología, desarrollar los personajes. Por eso para la séptima contratamos a un maestro del horror, James Wan (E l juego del miedo y El conjuro). Estoy muy excitado de ver qué va a pasar en el nuevo episodio, qué va a traer él a nuestra saga de velocidad y adrenalina.

Fuente: Clarín